24 febrero 2026 Blog

Sobre fantasmas, el destino y la esperanza

“No me interesan especialmente datos para aceptar que los dados ya están echados y que la vida prácticamente no es nada más que un baile de factores determinados en gran medida por la herencia y la constitución.”

Adolf Meyer (“Collected papers”, 1950-52)

Buena velada fue la de esta semana cuando pudimos disfrutar nuevamente del musical “El Fantasma de la Ópera”. El compositor británico Andrew Lloyd-Webber es el responsable de poner melodía a la clásica obra del francés Gaston Leroux. En el libro “Cine y Salud Mental” uno de nosotros ya comentó en extenso la obra, pero valga recordar esta historia fantasmagórica para tratar el tema que hoy nos va a ocupar. Inciso: Desde ya les recomendamos que quien pueda verla o leerla no dude en hacerlo. pues a partir de aquí vamos a destriparles el misterio. ¡El que avisa no es traidor!

El Fantasma de la Ópera” es una novela de misterio, drama, romanticismo y terror contada de modo retrospectivo, pero en la que se mantiene el suspense hasta el final. En ella el aparente suicidio de un tramoyista y la misteriosa desaparición de la protagonista de la Ópera confluyen en el temible y terrorífico Fantasma de la Ópera.

En realidad, el llamado fantasma no es más que Erik, una persona que debido a su fealdad fue rechazada desde el nacimiento hasta por sus propios padres, quienes le obligaron a esconderse tras una máscara y convertirse en una atracción de feria. Debemos a Alfred Adler, el padre de la Psicología Individual, saber que cuanto más profunda es la humillación sufrida por una persona más tiene que sobresalir en otros campos para superarla. Así, Erik aprendió y logró ser un maestro como ventrílocuo, músico, ingeniero, arquitecto o prestidigitador, lo que le permitió ganarse la vida en distintos países, pero sin llegar nunca a ser aceptado ni amado en ninguno de ellos. Esta herida afectiva le condicionó terriblemente por lo que para superarla decidió hacerse poderoso e infundir a los demás el miedo que siempre le había embargado desde su interior. Buscando donde poder estar a salvo se refugió en el teatro de la Ópera de Paris, donde utilizó sus conocimientos y habilidades para dominar éste, su pequeño mundo.

Parecería que su destino estaba indefectiblemente marcado, pero siguiendo al psiquiatra suizo Adolf Meyer, creador de la Psiquiatría del sentido común, ya sabemos que las circunstancias condicionan, pero nunca determinan. También desde la literatura nos confirman esta apreciación. En el siglo XIX la escritora austríaca Marie von Ebner-Eschenbach, conocida por sus novelas psicológicas, aseveraba:

No es lo que vivimos lo que forja nuestro destino, sino lo que sentimos por lo que vivimos.”

Y en España, más recientemente y todavía con mayor claridad, nuestra compatriota María Dueñas nos previene claramente frente al determinismo: 

“Pero ahora sé que el destino es la suma de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida.”

Pues volvamos entonces a nuestro fantasma y su ominoso destino. “El Fantasma” había sembrado el terror en su pequeño reino del teatro. Como autoridad indiscutible había extorsionado, secuestrado y asesinado sin ningún tipo de remordimientos ni escrúpulos. Era, sin duda, el prototipo de un psicópata carente de sentimientos, pero en el desarrollo de la historia encontraremos que esto no era del todo cierto y que su destino ─como el de nadie─ no está escrito. Por primera vez en su vida Erik fue aceptado a pesar de su fealdad y esto le permitió conducirse, también por primera vez, con generosidad y compasión. Gracias al amor puro que recibió de la cantante Christine pudo elegir otra manera de actuar.  La historia nos muestra que nunca hay que perder la esperanza, que siempre es posible un cambio cuando las circunstancias acompañan y, sobre todo, la propia persona quiere realizarlo.

Sí, mantener la esperanza es algo fundamental y aprovecharemos estas fechas en la que nos encontramos para reforzarla. En nuestra sociedad la inmensa mayoría ─todavía─ se considera católica y está iniciando la Cuaresma. En este periodo se nos recuerda explícitamente que Alguien fue capaz de superar tentaciones, vejaciones, torturas e incluso la muerte para mostrarnos que al final el mal es derrotado y que el Bien será quien venza. ¡Que así sea!

Dr. Manuel Álvarez Romero, Médico Internista

Dr. José Ignacio del Pino Montesinos, Médico Psiquiatra

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